¿Por qué acabo con tantas monedas y qué hago con ellas?
Respuesta breve
Porque los precios no se redondean y las monedas llegan a valores altos. Viértalas en una máquina de recarga de tarjeta IC en vez de cargar con ellas.
La aritmética que le llena el bolsillo
Las monedas aquí llegan a un valor que en la mayoría de los países sería un billete, y los precios se dan al yen y no redondeados. Dos compras en efectivo bastan para dejarle un puñado de cambio variado.
El problema real es el peso más que el número. Un día de pagos pequeños en efectivo produce un bolsillo que tintinea y una cartera que no cierra.
El gesto que lo arregla
Meta las monedas en una máquina de recarga de tarjeta IC en cualquier estación. La máquina acepta de una vez un montón de monedas mezcladas y las convierte en saldo de transporte y de tienda de conveniencia que va a gastar seguro.
Es la costumbre más útil que se puede adoptar el primer día. Convierte peso muerto otra vez en dinero sin mostrador, sin cola y sin conversación.
Otros sitios donde acaban las monedas
Máquinas expendedoras, taquillas, cepillos de ofrendas de los templos y máquinas de billetes antiguas las aceptan todas, y algunas no aceptan otra cosa.
Pagar con el importe exacto en un comercio pequeño se agradece más que solo tolerarse, así que un puñado de monedas merece ofrecerse antes que un billete.
Conviene saber
- Las máquinas de recarga se tragan un puñado de monedas mezcladas de una vez: no hace falta clasificarlas
- El monedero pequeño no es aquí una costumbre pintoresca: es por lo que las carteras de la gente cierran